Thursday, July 27, 2006
Finde en Quebec city.
El viernes, 21 de julio, alquilamos un coche para irnos a pasar el fin de semana a Quebec city. Así que a las 8.45 de la mañana Elena, Carmen y Paolo pasaron a recogernos a Antonio y a mi, a casa para meter las cosas en el maletero y, así, no tener que volver por la tarde. En el curro andábamos más con el cachondeo de la excitación que a lo que teníamos que estar. Además, nos habían puesto en un proyecto sólo de training, es decir, solamente jugando sin tener que testearlo y, bueno, para qué queríamos más. Era un juego que teníamos que jugar online, es decir, que unas doce personas jugábamos juntas; cachondeo total. Se trataba de matarnos los unos a los otros y el objetivo era matar a cuanto más peña mejor. Yo bastante tenía con levantarme del lugar de inicio para que cinco segundos más tarde me mataran y vuelta a empezar... ¡jeje! y cuando no me mataban, sin querer me suicidaba... ¡jajajajajaj! ¡¡¡Para más Inri a las tres chicas nos metieron en el mismo proyecto y descubrimos que se podía chatear en el juego!!!! Pues ya os podéis imaginar el cachondeíto que gastabamos... revolucionamos a todos los testers de funcionalidad. Para la última hora ya casi nadie mataba a nadie, sino que estabamos todos liaos diciendo cada cual la tontería más gorda, ¡jeje!
En fin, que por fin llegaron las cinco de la tarde y nos montamos en el coche. Elena de conductora y yo, servidora, de copi. Bien, bien. La primera parada la hicimos diez minutos después de ponernos en marcha. Paramos en un IGA, que es un super tipo Eroski pero a lo canadiense, para comprarnos unas birrillas y bebérnoslas mientras nos zampábamos las tortillitas de patatas que habían preparado las chicas el día anterior. Mu güeno tó. Antes de llegar a Quebec paramos unas cinco veces... ¡jajaja! Pa mear, pa matar el vicio (porque dentro del coche no se fumaba), pa sacar alguna foto chula u otras razones. Siempre con el cachondeo dominando las situaciones. Llegamos a Quebec city a eso de las diez y media. Aparcamos y salimos a buscar el "Auberge de la Paix" donde habíamos reservado cama. 20 canadian dolars la noche incluyendo desayuno, lo que estaba muy bien. Dejamos las cositas y salimos a cenar y a dar una vuelta pa ver la marchita del lugar. Pa cenar no encontramos ningún sitio donde tuvieran la cocina abierta, o sea que tuvimos que agachar la cabecita y comprarnos una hamburguesa puerca en el Mc.Donals. En fin, una vez al año no hace daño.
La primera impresión que nos dio la ciudad fue increíble. Molto bella. Además coincidió que estabamos en Quebec Vieux, en todo el casco viejo de la ciudad, y ya se sabe que los cascos viejos son lo más chulo de los sitios. No tiene nada que ver Montreal, cosa lógica teniendo en cuenta que Quebec es una de las ciudades más viejas de Canadá, porque todo lo demás es muy joven. Encontramos un bareto que estaba bastante escondidillo pero que molaba porque había un montón de gente flipando con un tio que estaba tocando y cantando cantos regionales o algo por el estilo. Nosotros no nos enteramos mucho de lo que decía en sus letras pero se estaba más agusto que un arbusto.
El sábado nos levantamos prontito para patearnos la ciudad. El amigo Antonio y yo nos separamos de los otros tres para hacer un brunch, que es como un hamarretako, que consistía en un plato con dos huevos, bacon, patatillas y una tacita de té. Luego nos recorrimos un montón de callejuelas muy chulas, un mirador desde donde se podía ver el gran rio que pasa por la ciudad, la Citadelle, que es como un fuerte en la parte alta de Quebec... y en eso nos llegó la hora de comer. Por la tarde fue muy guay porque caminando de un lado a otro llegamos a la Rue Saint Jean, donde había un ambiente festivo increíble: puestos hippies por doquier, gente haciendo música en cada esquina, batukadas, puestos de comida de todas clases... yo estaba en mi salsa. Después, intentando buscar la Gran Allee nos topamos con una exposición de coches antiguos, tuning y con equipos de sonido flipante. Todo sobre motores. Yo aluciné, o sea que para el que le guste el tema ese tenía que ser la pera. A ver si os pongo algunas fotillos luego.
A las ocho nos encontramos con los otros tres torpedos y nos fuimos a cenar todos juntos a un italiano. Y antes de tirar pal albergue fuimos a hacerle una visitilla a los camareros del bareto del día anterior. Un día realmente bonito y completo.
El domingo nos fuimos a Sainte Anne de Beaupre, unos 20-30 km al norte, donde nos habían dicho que había un cañon con unas cataratas 1,5 m más altas que las de Niagará. Y allí fuimos la patrulla capulla a ver lo que se cocía. Todo muy verde, muy grande y muy natural. Nos recorrimos el paraje en una horita más o menos y a tirar millas pa nuestra querida Sainte Adele. "Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, un cochecillo rojo con cinco flipaos" ¡jeje!
Y eso es tó, eso es tó, eso es todo, amigos. ¡¡¡¡Besitos a todo el mundo!!!!
En fin, que por fin llegaron las cinco de la tarde y nos montamos en el coche. Elena de conductora y yo, servidora, de copi. Bien, bien. La primera parada la hicimos diez minutos después de ponernos en marcha. Paramos en un IGA, que es un super tipo Eroski pero a lo canadiense, para comprarnos unas birrillas y bebérnoslas mientras nos zampábamos las tortillitas de patatas que habían preparado las chicas el día anterior. Mu güeno tó. Antes de llegar a Quebec paramos unas cinco veces... ¡jajaja! Pa mear, pa matar el vicio (porque dentro del coche no se fumaba), pa sacar alguna foto chula u otras razones. Siempre con el cachondeo dominando las situaciones. Llegamos a Quebec city a eso de las diez y media. Aparcamos y salimos a buscar el "Auberge de la Paix" donde habíamos reservado cama. 20 canadian dolars la noche incluyendo desayuno, lo que estaba muy bien. Dejamos las cositas y salimos a cenar y a dar una vuelta pa ver la marchita del lugar. Pa cenar no encontramos ningún sitio donde tuvieran la cocina abierta, o sea que tuvimos que agachar la cabecita y comprarnos una hamburguesa puerca en el Mc.Donals. En fin, una vez al año no hace daño.
La primera impresión que nos dio la ciudad fue increíble. Molto bella. Además coincidió que estabamos en Quebec Vieux, en todo el casco viejo de la ciudad, y ya se sabe que los cascos viejos son lo más chulo de los sitios. No tiene nada que ver Montreal, cosa lógica teniendo en cuenta que Quebec es una de las ciudades más viejas de Canadá, porque todo lo demás es muy joven. Encontramos un bareto que estaba bastante escondidillo pero que molaba porque había un montón de gente flipando con un tio que estaba tocando y cantando cantos regionales o algo por el estilo. Nosotros no nos enteramos mucho de lo que decía en sus letras pero se estaba más agusto que un arbusto.
El sábado nos levantamos prontito para patearnos la ciudad. El amigo Antonio y yo nos separamos de los otros tres para hacer un brunch, que es como un hamarretako, que consistía en un plato con dos huevos, bacon, patatillas y una tacita de té. Luego nos recorrimos un montón de callejuelas muy chulas, un mirador desde donde se podía ver el gran rio que pasa por la ciudad, la Citadelle, que es como un fuerte en la parte alta de Quebec... y en eso nos llegó la hora de comer. Por la tarde fue muy guay porque caminando de un lado a otro llegamos a la Rue Saint Jean, donde había un ambiente festivo increíble: puestos hippies por doquier, gente haciendo música en cada esquina, batukadas, puestos de comida de todas clases... yo estaba en mi salsa. Después, intentando buscar la Gran Allee nos topamos con una exposición de coches antiguos, tuning y con equipos de sonido flipante. Todo sobre motores. Yo aluciné, o sea que para el que le guste el tema ese tenía que ser la pera. A ver si os pongo algunas fotillos luego.
A las ocho nos encontramos con los otros tres torpedos y nos fuimos a cenar todos juntos a un italiano. Y antes de tirar pal albergue fuimos a hacerle una visitilla a los camareros del bareto del día anterior. Un día realmente bonito y completo.
El domingo nos fuimos a Sainte Anne de Beaupre, unos 20-30 km al norte, donde nos habían dicho que había un cañon con unas cataratas 1,5 m más altas que las de Niagará. Y allí fuimos la patrulla capulla a ver lo que se cocía. Todo muy verde, muy grande y muy natural. Nos recorrimos el paraje en una horita más o menos y a tirar millas pa nuestra querida Sainte Adele. "Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, un cochecillo rojo con cinco flipaos" ¡jeje!
Y eso es tó, eso es tó, eso es todo, amigos. ¡¡¡¡Besitos a todo el mundo!!!!
Wednesday, July 26, 2006
Viajantes...





1. Enésima parada camino a Quebec. Una meadita, matar el vicio y flipar con la puesta del sol y con el color del cielo.
2. Las tres chicas, la primera noche en Quebec.
3. Paolo, Antonio y Carmen, tó flipaos en el asiento de atrás.
4. Primera parada camino a Quebec, Saint Jerome. Parada que hicimos, diez minutos después de ponernos en marcha (jeje), para comprarnos unas cervecitas y bebérnoslas como acompañamiento de la tortilla de patatas que se habían currao las chicas.
5. 08.30 de la mañana, antes de ir pal curro, cargando el coche todo ilusionaos... En la parte de atrás de la casa (donde solemos celebrar las barbacoas).
Sunday, July 23, 2006
Je me souviens.
La matrícula de Québec, lleva una frase por debajo de lo que son los números que dice "Je me souviens" y significa "Me acuerdo". Cuando lo leí por primera vez, hace ya tiempo, me llamó la atención, pero nunca pregunté que a qué se refería en concreto. Pues hoy lo he averiguado.
Pues resulta que la mayoría de la gente dice que es por un lema de propaganda turística, algo así como "Euskadi, ven y cuéntalo" o "Andalucía solo hay una". Pero la explicación no nos había gustado y Carmen decidió mirarlo en una guía muy útil y, de hecho, encontró la explicación que estábamos buscando. Y es que, después de que Canadá hubiera sido colonizada por ingleses y franceses, Québec, la comunidad francófona, sufrió mucha represión por parte de sus vecinos los anglófonos y estuvo muy marginada del resto de la sociedad canadiense durante un largo periodo. Ahora, la cosa a cambiado, Québec es una provincia próspera y mantiene buenas relaciones con el resto de provincias canadienses. No obstante el lema refleja bien que no se han olvidado de lo sufrido, que todavía se acuerdan.
¡Jaja! Nos ha hecho mucha gracia, porque es como "te la tengo guardada, amigo" y nos ha parecido muy heavy que sea por ese motivo el susodicho lema. En fin, que no te acostarás sin saber una cosa más, y eso es lo que hoy me tocaba aprender. Me ha parecido muy curioso, y por eso os lo escribo, sin más.
Gracias a todos los que seguís teniendo la paciencia para leerme...
Thursday, July 20, 2006
Tuesday, July 18, 2006
Wednesday, July 12, 2006
MONTREAL
El viernes pasado, día 7 de este mes, me dieron el día libre en el curro porque ya había metido muchas horas extras y no estaban por la labor de pagar... O sea que yo y Elena quedamos pa coger el bus de las 9.00 de la mañana que nos llevaría a la ya conocida Montreal. Así que llegamos alrededor de las 10.30 a la gran ciudad y nos pusimos en marcha. Nuestro primer objetivo fue ir al consulado a registrar nuestros nombres. Conseguido. Después, nos tuvimos que separar para que nos diera tiempo para todo, y ella fue a hacer unos papeleos y yo otros. Ni la una ni la otra conseguimos hacer lo que queríamos... y ya eran las 15.30 de la tarde. Decidimos entrar a una tienda de ordenadores, y tecnología en general, para ver lo que se cocía dentro... total, que aún sin tener mucha idea de la ciencia informática me compré un portatil. ¡Toma esa! Para cuando termine de gastarme los cuartos ya eran casi las 16.30 y todavía no habíamos comido...
Cogimos el metro hacia Montroyal, barrio del cual nos habían hablado muy bien y en el que sabíamos que había un parque muy grande y lleno de gente joven alternativa. En el camino paramos en un Depaneur (que es la típica tienda de barrio 24 horas non stop y en el que venden desde dodotis hasta pilas, pasando por verduras y lejía) y nos compramos un paquete de pan bimbo y unas lonchitas de jamor york. Llegamos exhaustas al parque. Valió la pena. Nos echamos en la hierba, comimos, charlamos, descansamos... antes de que nos dieramos cuenta ya teníamos que levantarnos y coger el metro hacia la casa de Felipe, donde íbamos a pasar la noche, no sin antes pasar por la estación de autobuses y recoger de la consigna todos nuestros bártulos y enseres. Llegamos a su casa cuando él estaba saliendo, es decir, ¡le pillamos de puro churro!
Total, soltamos las cosas, bebimos un poco de agua y otra vez pal metro. Habían quedado con otra gente de Enzyme Montreal para cenar, y nosotras, por supuesto, nos unimos al grupo. Cenamos la famosa "poutin" canadiense. No sé si ya os he hablado de ella en otra ocasión, pero se trata del plato nacional y consiste en un plato de patatas fritas con queso, que menos a queso sabe a todo, y una salsa rara para dar gusto. ¡Sólo digo! La primera vez que lo comí fue en la empresa; y es que a los de RRHH se les ocurrió hacernos de comer por dos dólares por cabeza. Y, en fin, no es mucho dinero, pero la comida fue una auténtica basura. ¡Jaja! Y, claro, siendo el plato nacional del lugar, la única excusa que se me ocurría era que lo habían preparado cuatro garrulos sin idea y corriendo, y que por eso resultaba tan incomestible.
Cogimos el metro hacia Montroyal, barrio del cual nos habían hablado muy bien y en el que sabíamos que había un parque muy grande y lleno de gente joven alternativa. En el camino paramos en un Depaneur (que es la típica tienda de barrio 24 horas non stop y en el que venden desde dodotis hasta pilas, pasando por verduras y lejía) y nos compramos un paquete de pan bimbo y unas lonchitas de jamor york. Llegamos exhaustas al parque. Valió la pena. Nos echamos en la hierba, comimos, charlamos, descansamos... antes de que nos dieramos cuenta ya teníamos que levantarnos y coger el metro hacia la casa de Felipe, donde íbamos a pasar la noche, no sin antes pasar por la estación de autobuses y recoger de la consigna todos nuestros bártulos y enseres. Llegamos a su casa cuando él estaba saliendo, es decir, ¡le pillamos de puro churro!
Total, soltamos las cosas, bebimos un poco de agua y otra vez pal metro. Habían quedado con otra gente de Enzyme Montreal para cenar, y nosotras, por supuesto, nos unimos al grupo. Cenamos la famosa "poutin" canadiense. No sé si ya os he hablado de ella en otra ocasión, pero se trata del plato nacional y consiste en un plato de patatas fritas con queso, que menos a queso sabe a todo, y una salsa rara para dar gusto. ¡Sólo digo! La primera vez que lo comí fue en la empresa; y es que a los de RRHH se les ocurrió hacernos de comer por dos dólares por cabeza. Y, en fin, no es mucho dinero, pero la comida fue una auténtica basura. ¡Jaja! Y, claro, siendo el plato nacional del lugar, la única excusa que se me ocurría era que lo habían preparado cuatro garrulos sin idea y corriendo, y que por eso resultaba tan incomestible.
Pues bien, estos amigos nos llevaron a un sitio donde se suponía hacían la mejor poutin en no sé cuantas millas a la redonda. Elena y yo nos miramos pensando "¿Otra vez esa mierda?", pero decidimos dar otra oportunidad al plato nacional y volver a probarlo. Sí, estaba bastante mejor que la vez que lo probamos; lo menos llevaba pimientito, cebolla, champis, bacon. Pero seguía siendo una porquería. Ya os podéis imaginar la gastronomía canadiense si ese es su plato fuerte...
De todas formas lo bueno estaba por llegar y es que un chico mexicano nos llevó a un bareto donde nos sevían los cubatas por ¡¡4,75$ Ca cada!! Lo que no está nada mal si lo comparas con una birra que te cuesta idem de lo mismo. Elena y yo flipando, claro. De pronto se nos pasó todo el cansancio y nos entró una alegría...¡jeje! Bueno, que tampoco nos duró mucho porque antes de poder pedir la segunda ronda nos dijeron que nos íbamos porque si no íbamos a perder el último metro.
Al día siguiente, nada más despertarnos, desayunamos como dios manda y pies en polvorosa. No había tiempo que perder. Llegamos a una calle donde todos los bajos eran comercios y todos ellos habían sacado a la calle lo que estaban vendiendo puertas adentro. Era una especie de mercadillo inmenso, donde se paseaba gente de lo más pintoresca. Latinos a punta pala, moras, la comunidad negra en pelotón, quebecois... y nosotros. Muy cosmopolita. El simple hecho de pasear entre toda esa mezcla de mundos impresionaba.
Para la tarde Pablo se había unido a nuestro grupo y ya eramos cuatro. Se celebraba el Jazz Festival de verano y por eso las calles estaban a rebosar de caras sonrientes. ¡Qué gusto! Tras comernos dos puntitas de pizza nos dirigimos a la Place des Arts donde iban a tener lugar la mayoría de los conciertos. Bien de bien. Todo estupendo, genial. Por casualidad encontramos a Diego. Digo por casualidad, porque aunque hubieramos quedado allí con él era casi como encontrar una aguja en un pajar.
Mira que nunca he sabido escuchar jazz, aunque siempre me haya parecido una música interesante, pues el concierto me gustó mucho. Era más bien divertido y el cantante lo hacía muy muy bien.
Pa las 22.00 habíamos quedado en el Boudoir, que es el bar de los cubatas baratos que la noche anterior descubrimos, con otro montón de gente. ¡Que vivan los cubatas a 4,75 $Ca! Jeje, nos echamos unos billares, unas risas y algunos irutos (jajaja), y venga pa otro bar. No sabíamos a dónde dirigirnos por lo que entramos a un bareto de "pijos" y ya estuvimos allí hasta que dió la hora de marcharse porque si no no pillabamos el último metro. La verdad que ese metro de Montreal es bastante corta rollos. Todavía no he conseguido echarme una juerga realmente en condiciones. Estos no tienen ni idea. En fin, eso sí, me lo pasé de puta madre (perdón la expresión pero es el adverbio que más se ajusta a lo que quiero decir).
Domingo 9 de julio, día de la famosa final del mundial. Nunca llegué a imaginar que una ciudad se pudiera alterar, revolucionar, levantarse de tal manera por un simple partido de fútbol. Increíble, de verdad. Habían puesto una pantalla gigante en un parque. Teníamos inteción de ir para allá pero unos guardas que había en la estación de metro nos avisaron tanto a nosotros como a toda la peña que iba para el mismo sitio, de que habían cerrado la parada de ese parque por saturación. Unas 15.000 personas abarrotaban ya dicho parque. Eso sin contar a todos los italianos o forofos del equipo italiano que estaban reunidos en Little Italy, que es Chinatown a lo mafioso ¡jeje! Volvimos a casa de Felipe y vimos el partido por la tele, acompañados de unas birrillas en lata. (Gracias Felipe por tu grata hospitalidad).
A eso de las 17.00 Diego y yo nos fuimos a comer a un restaurante japonés que hay en Montroyal. Y, por fin, probé el conocido shusi y otras cosas cuyos nombres no recuerdo. ¿Que qué me pareció? Pues ni bien ni mal ni todo lo contrario. Se dejaba comer pero no es algo que me haga sentir lo que siento cuando como unos huevos con carne con tomate y un choricillo... ¡qué te voy a contar!
Tras la larga comida nos fuimos al parque ese alternativo ¡¡¡y resulta que allí estaban repartiendo comida!!!¡¡jajaja!! Imagínate la cara que se nos quedó... mmm, jajaja. Había un montón de gente rodeada de una atmósfera pacífica, de buen rollito... Eran Hare Crisnas que se reunían allí a cantar, a hacer yoga, a tocar el bongo, a vender su artesanía... Me encantó. Flipé. Nos echamos los dos en la hierbita y disfrutamos de la paz que te inspiraba el simple hecho de estar con toda aquella buena gente. Me entraron inmensas ganas de vivir en Montreal.
Y otra cosa que tengo que decir de Montreal es que no será ninguna ciudad que pueda presumir de su arquitectura, a mi parecer bastante pobre, pero el arte brota en los rincones de la ciudad y vuela por sus calles, inundándolo todo de sensaciones agradables. La mayoría de las casas son además, de esas casas de dos o tres pisos y a cuyos balcones llega una escalerilla directamente desde la calle. Ya os voy a poner alguna foto. A mí me hace pensar que estoy en una de esas calles parisinas en las que sólo viven artistas bohemios. Que luego a lo mejor en París no existen de esas calles, sino que sólo en mi mente flipada, pero es para que, de alguna manera, os lo imaginéis.
¡¡Ojalá pudiera vivir una temporada en esa ciudad!!
Al día siguiente, nada más despertarnos, desayunamos como dios manda y pies en polvorosa. No había tiempo que perder. Llegamos a una calle donde todos los bajos eran comercios y todos ellos habían sacado a la calle lo que estaban vendiendo puertas adentro. Era una especie de mercadillo inmenso, donde se paseaba gente de lo más pintoresca. Latinos a punta pala, moras, la comunidad negra en pelotón, quebecois... y nosotros. Muy cosmopolita. El simple hecho de pasear entre toda esa mezcla de mundos impresionaba.
Para la tarde Pablo se había unido a nuestro grupo y ya eramos cuatro. Se celebraba el Jazz Festival de verano y por eso las calles estaban a rebosar de caras sonrientes. ¡Qué gusto! Tras comernos dos puntitas de pizza nos dirigimos a la Place des Arts donde iban a tener lugar la mayoría de los conciertos. Bien de bien. Todo estupendo, genial. Por casualidad encontramos a Diego. Digo por casualidad, porque aunque hubieramos quedado allí con él era casi como encontrar una aguja en un pajar.
Mira que nunca he sabido escuchar jazz, aunque siempre me haya parecido una música interesante, pues el concierto me gustó mucho. Era más bien divertido y el cantante lo hacía muy muy bien.
Pa las 22.00 habíamos quedado en el Boudoir, que es el bar de los cubatas baratos que la noche anterior descubrimos, con otro montón de gente. ¡Que vivan los cubatas a 4,75 $Ca! Jeje, nos echamos unos billares, unas risas y algunos irutos (jajaja), y venga pa otro bar. No sabíamos a dónde dirigirnos por lo que entramos a un bareto de "pijos" y ya estuvimos allí hasta que dió la hora de marcharse porque si no no pillabamos el último metro. La verdad que ese metro de Montreal es bastante corta rollos. Todavía no he conseguido echarme una juerga realmente en condiciones. Estos no tienen ni idea. En fin, eso sí, me lo pasé de puta madre (perdón la expresión pero es el adverbio que más se ajusta a lo que quiero decir).
Domingo 9 de julio, día de la famosa final del mundial. Nunca llegué a imaginar que una ciudad se pudiera alterar, revolucionar, levantarse de tal manera por un simple partido de fútbol. Increíble, de verdad. Habían puesto una pantalla gigante en un parque. Teníamos inteción de ir para allá pero unos guardas que había en la estación de metro nos avisaron tanto a nosotros como a toda la peña que iba para el mismo sitio, de que habían cerrado la parada de ese parque por saturación. Unas 15.000 personas abarrotaban ya dicho parque. Eso sin contar a todos los italianos o forofos del equipo italiano que estaban reunidos en Little Italy, que es Chinatown a lo mafioso ¡jeje! Volvimos a casa de Felipe y vimos el partido por la tele, acompañados de unas birrillas en lata. (Gracias Felipe por tu grata hospitalidad).
A eso de las 17.00 Diego y yo nos fuimos a comer a un restaurante japonés que hay en Montroyal. Y, por fin, probé el conocido shusi y otras cosas cuyos nombres no recuerdo. ¿Que qué me pareció? Pues ni bien ni mal ni todo lo contrario. Se dejaba comer pero no es algo que me haga sentir lo que siento cuando como unos huevos con carne con tomate y un choricillo... ¡qué te voy a contar!
Tras la larga comida nos fuimos al parque ese alternativo ¡¡¡y resulta que allí estaban repartiendo comida!!!¡¡jajaja!! Imagínate la cara que se nos quedó... mmm, jajaja. Había un montón de gente rodeada de una atmósfera pacífica, de buen rollito... Eran Hare Crisnas que se reunían allí a cantar, a hacer yoga, a tocar el bongo, a vender su artesanía... Me encantó. Flipé. Nos echamos los dos en la hierbita y disfrutamos de la paz que te inspiraba el simple hecho de estar con toda aquella buena gente. Me entraron inmensas ganas de vivir en Montreal.
Y otra cosa que tengo que decir de Montreal es que no será ninguna ciudad que pueda presumir de su arquitectura, a mi parecer bastante pobre, pero el arte brota en los rincones de la ciudad y vuela por sus calles, inundándolo todo de sensaciones agradables. La mayoría de las casas son además, de esas casas de dos o tres pisos y a cuyos balcones llega una escalerilla directamente desde la calle. Ya os voy a poner alguna foto. A mí me hace pensar que estoy en una de esas calles parisinas en las que sólo viven artistas bohemios. Que luego a lo mejor en París no existen de esas calles, sino que sólo en mi mente flipada, pero es para que, de alguna manera, os lo imaginéis.
¡¡Ojalá pudiera vivir una temporada en esa ciudad!!
Sunday, July 02, 2006
IMPRESIONES III
Hace unos días me tuve que quedar a meter algunas horas extras en el curro porque nos entró un proyecto nuevo y teníamos que examinarlo hasta tal punto antes del día siguiente. Salimos de allí a las diez de la noche. ¡Menos mal que Antonio también se había quedado a trabajar hasta esa hora para poder venir con él hasta casita! Y es que el camino que va de casa al trabajo y del trabajo a casa es media hora de viaje solitario, tranquilo y oscuro (de noche). Pasearme por allí sola a esas horas me daría miedo. Incluso tenemos que atravesar un bosquecillo siguiendo un camino que es como una especie de bide gorri o vía verde.
No obstante, no fue miedo lo que sentimos. Nos encontramos ante un escenario mágico que, al menos ni él ni yo, habíamos visto antes. Empezamos a caminar. Cuando estábamos a unos cinco metros de coger dicho sendero vi una luz fosforita moviéndose en el aire. Pensé que la vista me fallaba de tanto haber estado mirando la pantalla del ordenador. Pero, a medida que nos acercábamos a ella, un montón de lucecitas iguales aparecieron al rededor nuestra bailando de un lado al otro. ¡Íncreible!¡Cientos de luciérnagas volando a nuestro paso! La cantidad impresionaba, ¡pero lo que a mí más me fascinó fue que estuvieran volando! Joe, yo recuerdo que de pequeña, cuando solíamos ir de paseo a San Agustín, veíamos un montón de luciérnagas a lo largo del camino, pero nunca he visto ninguna volando ¿y tú? Los dos nos quedamos flipaus un buen rato, emocionados con lo que nos rodeaba.
¡Qué grande es la naturaleza!
¡Qué grande es la naturaleza!
PD. ¡Los mosquitos me están matando! Aquí son más sanguinarios y, además, para colmo ¡¡¡¡las moscas les hacen la competencia, porque te dan mordisquitos!!!!
Saturday, July 01, 2006
SAN JEAN BAPTISTE Y F1
En la foto: Carmen, Antonio y yo, el domingo, agotaícos, esperando a que saliera el bus de vuelta a casa.El fin de semana empezó el sábado cuando Antonio, Pablo y yo cogimos el bus hacia Montreal alrededor de las 14.00 del medio día. Nada más llegar nos encontramos con Felipe (que trabaja en Enzyme Montreal) en la estación de metro y fuimos directo al mercado de abastos. Por fin vi variedad vegetal expuesta con fines de consumo en abundancia en Cánada. Compramos unas cuantas plantas y otras semillas para hacer un huertecito en el jardín de casa. Después nos pasamos por el mercado oriental y algunas tiendas chinas para comprar raras especias y salsas y exóticos frutos. Bien.
Tras dejarlo todo en casa de Felipe, nos tomamos unas birras y bajamos pal centro porque habíamos quedado con Elena, Carmen y toda la peña de Enzyme Montreal. Estaban celebrando el día de Quebec (San Jean Baptiste, 24 de junio) por lo que había algunos shows en la calle. ¡Jeje! Era pa grabarlo; compramos algunas cervezas para beberlas mientras escuchabamos los conciertillos, pero, claro, en Canadá está total y extrictamente prohibido beber alcohol en la calle. ¿Qué pasa? Pues que al estar en un recinto medio cerrado podíamos beber siempre y cuando no se viera lo que estabamos bebiendo...¡jeje! ¡Ahora sé porqué en las pelis americanas los mendigos van con la botellita siempre metida en una bolsa de papel marrón! Pues así estabamos todos: sentaditos en corro y con una bolsa sospechosa entre las manos... Gracioso. Cutre, vamos. Pero, bueno, todo sea por un momentillo de esos que te alegran el día. ¡¡Que chorren las birras entre los amigos!!
Llegó la hora de la cena... ¿Qué hacemos? Pues, se nos ocurrió buscar una casa de España pa comernos unos choricitos buenos, pero pa cuando llegamos la cocina estaba cerrada. ¡Qué raro! En fin, pues caminando llegamos a una casa húngara, que no nos convenció demasiado, pero era lo que había. Entamos al lugar. Pequeñico. Feo. Sin ventilación. Muy familiar. Un dueño contento de ver tanta juventud en su garito, convenciéndonos para que no nos fueramos; diciéndonos que nos iba a hacer una oferta especial, que iba a poner a sus músicos a tocar para nosotros... Pa cenar: Goulash (Susa, me acordé de ti). Los músicos nos inundaron de ruido; eran un tipo de gitanos rumanos o algo por el estilo que tocaron, tocaron, tocaron con toda su buena voluntad, pero nos hartaron un poquitico. ¡Jaja! Al menos comimos bien, nos reímos, y todo, a un precio inmejorable.
Después nos fuimos a los bares a mover el esqueleto. Yo bailé con muchas ganas porque desde que vine a Sainte Adele no había tenido oportunidad de entrar a un bar y menos de bailar. ¡Me lo pasé guay! Lo malo es que la juerga se acabó a eso de las tres, porque es la hora de cierre de los bares. En fin. Mejor así, porque al día siguiente había que madrugar.Domingo, 25 de junio, día del Grand Prix en el circuito Gilles Villeneuve. Nos levantamos a las 7 de la mañana para juntarnos toda la trupe del curro a las ocho en la parada de metro de Henry Bourassa. Alegría y excitacioón en nuestras caras y pique de buen rollo entre nosotros que ibamos a animar a Alonso, y, los italianos y alemanes que iban con ferrari los unos y Schumacher los otros. La carrera no empezaba hasta las 13.00 horas pero allí había gente como pa parar un meteorito. ¡Ai ama! Impresionante, tú. En fin, como llevábamos las entradas más baratas había que buscarse un sitio bueno pa poder ver un poquito de circuito. ¡Uf! ¡Árdua tarea! Nos hicimos un huequecito donde pudimos, en un césped a pleno sol. ¡Jo! ¿Quién dijo que en Canadá te congelabas? Las diez de la mañana y el solano hacía de las suyas sobre nuestros frágiles cuerpos resacosos. Antonio y yo, que eramos los que habíamos estado de juerga el día anterior nos fuimos a buscar una sombrita donde echarnos una siestecita. No nos costó nada quedarnos sopas. Y eso que estaba teniendo lugar una carrera de coches en el circuito, a cinco metros de nosotros. Nos despertaron unos gritos y chiflidos. Era que los corredores de F1 estaban siendo paseados en lujosos descapotables y saludando a la peña, que estaba loca loca. (Por cierto, Michael Schumacher recibió una buena abucheada, ¡jeje!). Bien, por lo menos en esta vuelta que dieron los pudimos ver bien, porque lo que es durante la carrera en sí...
Salimos otra vez de aquella sombra al campo abierto y, de nuevo, el sudor empezó a adueñarse de nuestros cuerpos. Menos mal que a lo largo del circuito habían dispuesto unos camiones de bomberos cargaditos de agua, de los cuales salían unas duchitas pa la gente, que como nosotros, quiso darse un chapuzón tras otro (véase foto arriba). Chorreaditos corrimos al lugar desde donde podíamos ver la salida en una pantalla gigante y un trocito de curva interesante. Llegaron la una del mediodía. Emoción, expectación e intriga. Arrancaron los motores, y, aunque estabamos relativamente lejos de la parrilla de salida el estruendo fue envolvente. ¡¡¡Qué decir cuando pasaron en tropel por delante nuestro!!! ¡Qué guay! ¡Si señor! Creo que todos los que fuimos quedamos fascinados con el ruido de los motores. ¡Qué pasada!Me habían aconsejado llevar tapones para los oídos pero me pareció un sacrilegio dejar de oir esos cohetes terrestres.
La verdad es que vimos bastante poca cosa pero lo flipamos bien de bien. Ahora sí, cada vez que Alonso pasaba por delante nuestra, me dejaba la voz animándole. Creo que eso fue lo que le hizo ganar...¡Jeje!PD. Volveré y la próxima vez me aseguraré de comprarme un billete más caro para ver la carrera como los ricos. Sentadita y delante de una curva guapa.




























































