¡A LO CUBANO! (16)
Viernes, 21 de diciembre:
A eso de las nueve de la mañana el ruido matutino cubano nos despertó por última vez en aquel pedazo de viaje que nos habíamos pegado. Irene ya se había marchado, porque cogía el autobús de regreso a Santiago muy prontito por la mañana. Cogimos nuestras mochilas y caminamos hasta la misma cafetería en la que habíamos desayunado el día anterior.
De allí fuimos hasta el Capitolio donde cogeríamos el autobús que nos llevaría a Guanabo. Cuando preguntamos que de dónde salía la guagua 400 nos mandaron para otro sitio. Mientras íbamos hacia donde nos habían dicho, el bus 400 pasó por delante nuestro y aparcó a nuestra vera. Sin creer demasiado en la suerte que habíamos tenido, nos montamos en él y tomamos asiento. Y, exactamente, nos habíamos subido al bus cuando iba hacia su destino final en La Habana. Total, una vez que echó el freno, bajamos del vehículo y observamos aterrados la pedazo cola que había para volver a entrar... Se llenó aquel bus y el siguiente, y nosotros parecíamos no avanzar en la hilera de gente. En aquel momento decidimos que éramos lo suficientemente chulos como para cogernos un coche de esos ilegales para que nos llevaran a nuestro destino. Y así lo hicimos.
Zoila nos dio una bienvenida sonriente y nosotros la felicitamos, pues era su cumpleaños. Tras charlar con ella, su hermana, Yolanda y su sobrina, bajamos a la mar, para disfrutar por última vez de las Playas del Este.
Cuando empezó a refrescar el ambiente, regresamos a casa de los Galeano a darnos una duchita a cubazos de agua medio salada, conversar otro rato con aquella buena gente y despedirnos de ellos. Llamamos a un taxi, que nos recogió a nosotros y a todos nuestros bártulos, que no eran pocos ni ligeros... De camino al aeropuerto también hizo otra parada para subir al asiento del copiloto a otro acompañante: ¡un guanajo (que traducido es un pavo)! Lo había comprado para la cena de Nochebuena, y nos acompañó hasta el fin de nuestro trayecto cubano.
Tras hacer los chancullos necesarios para poder facturar todo el equipaje que llevábamos, dejamos los maletones en la cinta que los guiaría hasta el maletero del avión y de allí hasta nuestros destinos finales: Valencia y Bilbo. Hasta la hora de embarque quedaba todavía mucho tiempo y se nos ocurrió tomarnos nuestras últimas Bucaneros para mantener la calma del personal. Con lo que no habíamos contado era con que los bares de los aeropuertos son MUY caros... por lo que no nos dio ni para un par de tragos para cada uno.
Embarcamos finalmente a las 22.25 y el avión dejó de tocar suelo de Cuba a las 23.15. Ahora empezaba la cuenta atrás para ver a mi ama, mi aita, Ane... ¡a toda mi gente! ¡Qué nerviosismo! ¡qué emoción!


1 Comments:
Lo has bordao Eidertxu!!!!
Admito k hagas muchas cosas a lo largo del día, pero sigo pensando k güessear...GÜESSEAS !!!!
Muxu handi bat !!!
By Malagueta Trance, el poder de la subbética en la costa.
Post a Comment
<< Home